7/2/17

FIDEL HERRERA: LOS SOCIOS Y LA PRISIÓN...






POR: Mussio Cárdenas Arellano/ Informe Rojo

Habla más de lo que hace Fidel. Deja el consulado, renuncia a la inmunidad, alardea como si tuviera poder, pontificando por él y por los niños con cáncer, por los médicos y enfermeras, usándolos como escudo moral, advirtiendo que en días, quizá horas, estará en Veracruz. Sí, pero no acaba de llegar.
Acelerado, destrampado, Fidel Herrera Beltrán sofoca sus fuegos con disparos saliva, fogonazos de soberbia, el rollo infinito con el que mediáticamente intenta amainar el escenario de denuncias que lo involucran en actos de corrupción.
Viene a Veracruz, dice, para enfrentar la insania de Miguel Ángel Yunes Linares, su acérrimo rival, enemigo de toda la vida, su obsesión de 30 años. Viene para salvar el pellejo en la denuncia que lo implica en el escándalo detonado por la clonación de medicamentos, presuntamente administrados a enfermos de cáncer en hospitales del sistema de salud de Veracruz.
Lo sacude esa denuncia porque no es igual mentir sobre los mil puentes que sólo se ven en el papel, o las carreteras cuyo importe —cientos de millones— tuvo que devolver por violar la norma, o la transa de la bursatilización y la deuda bancaria por las que pagó comisiones altísimas en la total opacidad, que enfrentar la acción penal por el engaño a los enfermos de cáncer y otros padecimientos que les garantizó su muerte.
Si la libra o no Fidel, si lo que lo altera es que alguien “más que cercano” al ex gobernador, acaso su esposa Rosa Borunda, está involucrado en el negocio de los medicamentos clonados o con sobreprecio, si lo que
Si la libra o no Fidel, si su caso lo lleva él —otro abogadazo— o un experto en el nuevo sistema penal acusatorio, si le integran bien o mal el expediente, es irrelevante. Lo que Fidel Herrera le quita el sueño es que lo mantengan en prisión preventiva, lo vinculen a proceso, le giren orden de aprehensión y se la ejecuten. Así salga un día después, ese golpe políticamente lo mata.
Supo de la denuncia y de inmediato dejó el consulado de México en Barcelona. O lo conminaron a renunciar.
Nadie, que se sepa, le renuncia a un presidente en México. Menos los diplomáticos, embajadores y cónsules, que deben permanecer en el cargo, contra viento y marea, en zona de violencia, en condiciones hostiles, hasta que se les permite mover.
Fidel, de pronto, dejó de ser cónsul en Barcelona, donde sintió el repudio de los españoles, de los activistas refugiados en la región de Cataluña, de la prensa crítica que le recordó, entre otras imputaciones, que aparece señalado en el juicio a Francisco “Pancho” Colorado Cessa, empresario al que le vendió terrenos en Coatzacoalcos siendo gobernador, sentenciado a 20 años de prisión en Texas, Estados Unidos, por lavarle dinero a Los Zetas.
Formalmente denunciado, el ex gobernador hizo lo único que le sale bien: hablar. Entonces se abrió a la prensa. Mareó a quien se dejó. Anunció que pronto, en horas, estaría en Veracruz. Pero no llegó.
“Estas acusaciones —le dijo al periódico Notiver— son falsas, infundadas, tendenciosas y abominables. Yo ofrezco a todas las autoridades mi más absoluta disposición para colaborar y ofrecer mi testimonio para probar que son mentiras”.
Ataja al ser cuestionado sobre si fue destituido o si renunció.
“Yo mismo renuncié para atender como ciudadano los señalamientos y es irrevocable”.
Yunes Linares dice que no renuncia. Fue, asegura, obligado a dejar el consulado. Sostiene que de la Presidencia de México salió la orden para que perdiera la inmunidad y enfrentara a la justicia.
Niega Fidel que en su gobierno, de 2004 a 2010, en los hospitales de Veracruz se hubiera aplicado agua destilada en vez de medicamentos para combatir al cáncer, quimioterapia.
“Durante 30 años he sido víctima de calumnias por parte del actual gobernador, pero ahora se metió con lo más sensible de mi gobierno: los niños y los enfermos de cáncer. Si bien no soy la autoridad, soy el Jefe Político en ese período en que se desarrolló esa política pública y me voy a defender”.
“Aquí estoy para responder —dice el sultán de Nopaltepec—. Voy directo a enfrentar la calumnia”.
Sí, pero el jefe político no termina de llegar.
Lo suyo es la farsa. Toma por escudo a los niños que luchan por su vida, que enfrentan al cáncer, que mueren por él. Exalta la entrega del médico y la enfermera, del especialista y el investigador, los usa como pieza de ajedrez, como estandarte moral.
“Yo voy a prestigiar la labor de un equipo extraordinario de enfermeras, médicos, investigadores, servidores públicos que con una gran eficiencia salvaron vidas y dieron esperanza de vida a muchos niños, que de otra suerte habrían perdido la existencia”, agrega.
Pregona que de 2004 a 2010, su gobierno tuvo “el más elevado sentido de la defensa de los niños, de un Veracruz donde los niños no se tocan, como era nuestra divisa (siempre la alusión a la pederastia que usó en la guerra de lodo contra Yunes Linares en las campañas por el gobierno estatal en 2010 y 2016) y por eso los programas de corazón a corazón, los de cuidado de su vista, de su oído, los de protección de apoyo en el CEDAS y en el centro de atención a los niños en conflicto de situación penal, a los niños que llevamos a las escuelas de iniciación musical y a los niños, que atendimos y salvamos en el centro de Cancerología, el CECAM, a eso es a lo que voy. A defender el prestigio de los médicos y enfermeras”.
Sí, pero ese no es el punto. Es la corrupción, su corrupción.
No es el médico o la enfermera del CECAM o de cualquier otro hospital. No son los programas médicos ni la investigación científica. Ellos representan la parte noble del sistema de salud.
El punto es la corrupción del fidelismo, el negocio con los medicamentos, Finamed, la renta de equipo, alguno que incluso pertenecía al mismo gobierno, el servicio de laboratorio. Es Finamed, la empresa reina en el área de salud del régimen fidelista, señalada públicamente de moverse a la sombra de doña Rosa Borunda, su esposa.
El punto no son la bondades y la entrega de los médicos y enfermeras sino la corrupción de la pandilla de Fidel Herrera y Javier Duarte.
Su rollo es marca Fidel. Su perorata se cae al correr de los días. Era 23 de enero cuando anunció su regreso, mostrando la vileza que le corre por las venas, usando el caso de los niños con cáncer para justificar su venida. Pero una semana después, no acaba de llegar.
Sin inmunidad diplomática, Fidel Herrera no es nada. O sí, es carne de cañón.
Así Yunes gobernador se trompique, caiga, se levante, incurra en errores garrafales, mal asesorado, indicando que a los niños con cáncer les aplicaron un medicamento que sólo es usado en mayores de edad. Así primero haga el escándalo y luego venga la investigación y la denuncia, el problema de Fidel Herrera es mayor. Hay evidencia de que hubo medicamentos clonados, apócrifos. Hay denuncias que datan incluso del gobierno fidelista y él lo admite. 
Se detectó un medicamento que no era tal. Se aisló para investigación. Dice Fidel Herrera que no se administró a la paciente a la que estaba destinado. Las preguntas serían: ¿y antes del hallazgo, cuántos otros medicamentos habrían sido ya aplicados? ¿cuántos medicamentos falsos y apócrifos, clonados o agua destilada fueron suministrados, entraron en los cuerpos de los pacientes y de ello nadie se percató? ¿Cómo le consta a Fidel Herrera que antes del hallazgo del medicamento en 2010 no se aplicaron otros medicamentos similares, falsos, clonados?
Sólo una mente criminal podría vender medicina falsa y otra mente igual de criminal lo habría permitido. En el caso de Javier Duarte, existen por lo menos tres testimonios que lo acreditan: Juan Antonio Nemi Dib, ex secretario de Salud; el ex contralor Iván López Fernández, y el ex senador perredista Miguel Elías Moreno Brizuela.
Dice Fidel que en breve llega a Veracruz y en esas anda cuando ve a sus peones y alfiles, a sus amigos y socios caerles la justicia. Se les persigue, se les amaga, se les tiene a un paso de la prisión.
Es el caso de Tarek Abdalá, el diputado federal por Cosamaloapan, el constructor en los días de Marcos Theurel en la Secretaría de Comunicaciones con obras y más obras, que enfrenta un juicio de desafuero, imputado de haber desviado un botín, más de 23 mil millones de pesos cuando era tesorero de Javier Duarte.
Ve a Tony Macías, el suegro incómodo de Javier Duarte, el que se ríe y ríe de Miguel Ángel Yunes, a punto de ser denunciado por mil millones de pesos y asociación delictuosa por el apropiamiento de la reserva territorial de Coatzacoalcos, de la mano Fidel Herrera, castigando el precio de la tierra para revenderla 10 veces más caro.
Ve Fidel a su porro mayor, César del Ángel Fuentes, el líder de los 400 Pueblos, detenido por el ataque a Yunes Azul cuando era gobernador electo, a las puertas del Congreso de Veracruz, creído el vival que así impediría que tomara el poder.
Lo batea el PRI nacional. Maniobra Fidel Herrera. Se agitan los priistas a la voz de los peones de la fidelidad, impulsando a Marlon Ramírez —aquel por cuya negligencia se inmoló y murió el asesor de campesinos Ramiro Guillén Tapia— y quedando en el camino. Nadie sabe para quién trabaja, le dicen con sorna a Fidel. Botaron a Amadeo Flores y es impuesto Renato Alarcón Guevara, propuesta de Héctor Yunes Landa, sumado a ella el otro senador, Pepe Yunes Zorrilla.
Ni en el PRI cabe ya Fidel. Ni ahí quieren a sus ratones.
Es el panorama del ex gobernador, sus amigos y socios denunciados, Tony Macías que ríe y ríe desde la frailesca chiapaneca, cerca de la cárcel, sin poder real, sólo el recuerdo de lo que antes fue.
Y el sultán se escuda en el cáncer de los niños, en los médicos y enfermeras. Carece de ética el que los usa como escudo moral.
Apestado en el PRI, asediados sus amigos y socios, con denuncias penales en curso, lo único que le faltaba a Fidel Herrera era perder la inmunidad diplomática. Y la perdió.
Dice que viene. Pero no termina de llegar.